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Dj Dever: Una década, un nuevo comienzo!



Las piezas de hierro a punto de oxidarse, los pedazos de madera y el intenso olor a aserrín de la vieja  y olvidada carpintería de su papá Santander, el Nene Ríos, en el popular Torices, reemplazaron los carritos de moda y hasta los juegos en la calle a pie pelá’o. Con solo 7 años, Dj Dever tuvo su primer encuentro con la música con unas abandonadas y desgastadas tablas, ¿quién lo diría?

“Yo tomaba los trozos de madera que mi papá botaba y, junto a Lil Silvio, armaba pequeños picós, pasábamos jugando. Hasta nombres les poníamos”, relata con un toque de humor el reconocido artista, que intenta explicarme cómo su amor por la música vino con él desde que nació.

Vistiendo camisa y pantalón negro, cualquiera pensaría que intenta pasar desapercibido, pero sus más de 10 tatuajes que lleva entre dedos y brazos, dedicados a su ciudad y a su amada música, llaman la atención de aquellos que con su mirada admiten reconocerlo. No lo nota, está concentrado en relatarme lo que la mayoría de gente no ve cuando se sube a un escenario. Con su pasiva y tímida voz sigue hablando de lo difícil pero gratificantes que eran aquellos días donde prefería perderse el quinceañero de la más popular de su barrio, para quedarse neceando en su cuarto el remendado computador que le dieron sus padres en una Navidad, que le compraron luego de llenar una alcancía a punta de monedas de 500 pesos.

“No tenía la mejor máquina, la desarmé y la volví a armar pero siempre tuve la curiosidad de aprender, por eso miraba tutoriales y descargaba cuanto programa encontraba en Internet”. Confiesa que de no ser por su pasión musical, hoy sus padres tendrían un ingeniero de sistemas en casa.

La llegada del computador significó para él la bienvenida al mundo de la producción musical. Pasó largas jornadas frente a su equipo, descargaba pistas para rehacerlas y hasta el colchón ‘llevó del bulto’ porque más de una vez lo usó como aislante de ruido. Una tarde al regresar del colegio junto a su compañero de batallas, Lil Silvio, corrió el riesgo y grabó su primer tema, ‘La paloma’, como un experimento a ver qué salía. “La canción no tenía una pista como tal, pero tomamos un micrófono de los que venían con los computadores e hicimos eso”, no había terminado de hablar cuando soltó una gran carcajada.

Justo en ese momento fue consciente de que quería hacer su propia música, aunque revela que en más de una ocasión pensó desistir por los ‘totazos’ que le dieron en el camino. “Ahora me río, pero las cosas no han sido fáciles, mi primera maleta la conseguí canjeando toques con los dueños de una discoteca, que por cierto me dieron ‘duro por la cabeza’”, dice. Un silencio de varios segundos se apodera del momento.

Le ha costado mucho
“Sí, he llorado, la vez que más recuerdo fue cuando estaba en un toque en Canapote y en un descuido me robaron la memoria USB donde tenía casi todas las canciones del volumen 4, como ‘Amor a primera vista’, ‘Te extraño’, ‘Serás mía’ y otras más que no había soltado”, me narra y agarra su cabeza. Se encuentran nuestras miradas y veo una sonrisa empieza a dibujarse en su rostro, continúa: “Lo que yo no sabía era que eso me iba a servir para que Cartagena conociera lo que estaba haciendo”. Después del incidente de la USB, los nombres de Lil Silvio, El Vega, Koffe el Kafetero, Daniela y Andrea, Mosta Man, Reyes on the Mic, Big Mancilla, Big Yamo, Kevin Flórez pero sobre todo del Passa Passa, empezaron a sonar en cada rincón de Cartagena. El joven que armaba picós de madera llegó a marcar la historia de muchas generaciones. La frase: “desde el 2008, controlando el género urbano en la Costa”, sonaba en cada esquina y se quedó en el corazón de muchos de sus seguidores.

“Yo tenía la idea del Passa Passa Sound System desde hace rato. Lo que hice fue tomar estas canciones jamaiquinas y hacerlas en español, ahí estuvo el éxito. El nombre lo escogí por un festival que hacen allá”, y aclara que no quiso que fuera un picó, como el de su padre, El Sabor Estéreo, porque: “eso necesita otro tipo de atenciones, como estar pendiente de que los parlantes no se quemen o que los cables no se pierdan”, y él solo quería hacer música.

Dever es consciente que estuvo en un laberinto. La música urbana pasó a un segundo plano, se dedicó a la champeta y reconoce con un poco de arrepentimiento que el cambio le pasó una factura muy costosa, muchos de sus seguidores y hasta empresarios le dieron la espalda porque: “Era música para bandidos”. “¿Viviste la discriminación?”, le pregunto. “Sí, y más de una vez”. Pensó que ahí había terminado todo y nuevamente la idea de retirarse se paseó por su mente, pero el deseo de llevar la música a otro nivel, porque cree más que nadie en el talento de aquí, lo siguió desvelando. Lo está intentando y la felicidad de hacer lo que siempre le gustó se le nota cuando habla de su último trabajo.

“Muchos seguidores me dicen: ‘Dever, por fin regresaste’, ‘Esto es lo que nos gusta’, es inevitable no sentir emoción aunque ahora miro las cosas desde un punto diferente”, toma un sorbode agua.

El volumen 15 del Passa Passa, con el que Dever celebra 10 años de éxitos, fracasos, tristezas y alegrías, le ha dado un nuevo aire, mucho más empresarial y proyectado al mundo. Ahora trabaja de la mano de tres productores musicales, talentos que empezaron como él pero que a diferencia de su historia, sí han encontrado alguien que los guíe. Reconoce que canciones como ‘Amor a primera vista’, ‘Enredá’o’, ‘Yo te vendería’, ‘El Árabe’, hacen parte de la rica memoria musical de la ciudad y serán sus mejores cartas de presentación pero no descarta que con ‘Un beso’, ‘Dubai Hawai’, ‘Amor de una sola noche’, su nombre y el de Cartagena lleguen a merecer un Premio Grammy.

Fuente: El Universal

 

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